miércoles, 10 de diciembre de 2014

Aquí tenéis los textos, que vosotros habéis seleccionado, sobre el maltrato. Disfrutad con su lectura.


María era una chica de 16 años que se enamoró locamente de un joven de 19 años. Este chico se llamaba Carlos. Cuando la chica tuvo 20 años, se casó con él.

Los primeros años todo iba bien, no había peleas ni discusiones y todo era amor y felicidad. Al año siguiente tuvieron una hija llamada Carmen. El matrimonio se desbordó por la llegada de la niña, las cuentas no salían, les hacía falta dinero para alimentar a la niña, pero María estaba en paro y Carlos era el único que trabajaba.

Carlos llegaba de trabajar a las 2:30 aproximadamente y, a las cinco se iba al bar y llegaba a casa a las 7:20. Cada vez se retrasaba más; un día llegó a las 8:05 y dijo que se había retrasado; al siguiente día, llegó a las 8:30 y así todos los días hasta que un día ni durmió en su casa. La mujer le preguntó que por qué no había dormido en casa y éste le respondió dándole un grito y un puñetazo en la cara. Carmen, que lo estaba viendo todo, se puso a llorar al ver a su padre pegándole a su madre.

Pasaron diez años, y todo seguía igual. Carmen se hizo mayor y la situación iba empeorando. Cuando su padre se fue al bar, Carmen decidió hablar con su madre, María. Le dijo que se divorciara, que lo denunciara, que ella estaba asustada y se estaba preocupando mucho por  si un día llegaba a casa y la encontraba asesinada. Pero la cosa fue al revés: cuando María fue a hacer la compra por la tarde; Carlos se dirigió a la habitación donde estaba Carmen. Cuando María llego a casa se encontró a su hija muerta; su marido la había violado y después la asesinó clavándole un cuchillo. María, asustada llamó a la policía, pero, antes de que pudiera marcar el número, Carlos la cogió de la cintura y la arrastró hasta su cama. Le gritó, le pegó y de tantos puñetazos como le dio, la mató.



Este es otro de los muchos casos de violencia de género que encontramos en todo el mundo, no lo dudes, si tú también lo sufres, no te calles, DENÚNCIALE.

JOSÉ JIMÉNEZ (1º ESO B)


UNA LUZ EN EL OSCURO MALTRATO

Con motivo del día 25 de noviembre, día internacional contra la violencia de género, queremos poner solución al maltrato a la mujer.

Entre todos podemos parar esta situación. Día a día, muchas mujeres son maltratadas. Estas mujeres no deben tener miedo. No pueden callarse y aguantar esa situación. Hay que dar la voz de alarma desde el primer momento. Si se sabe de casos de violencia, tampoco debemos callarnos, "CALLAR TE HACE CÓMPLICE"

Desde los organismos competentes, hay que ayudar a esas pobres mujeres. Todos juntos podemos poner fin a esta situación. Hoy en día, existen políticas de igualdad y de prevención de la violencia machista. Estos planes son muy útiles ya que nos hacen conscientes de la situación y nos preparan para poder evitarlo.

Tenemos que tener esperanza y reducir el número de mujeres maltratadas, y si es posible eliminarlo.

María Jiménez Gómez (4º ESO)


Un año más, llega el 25 de noviembre, día internacional contra la violencia de género. Otro día triste para todos, en especial para aquellas familias que han perdido a personas por este motivo; y que ya no se encuentran entre nosotros.

Una vez más, se recuerda a las mujeres, a las víctimas y al maltratado, con lágrimas y dolor. Pero ¿cuándo parará esto?. Es una pena ver como cada año muere un número elevado de mujeres maltratadas por un "hombre", porque, cuando maltratas a una mujer, dejas de ser un "hombre".

Si todos colaborásemos, aunque fuese un poco, podríamos parar esto. Hay muchas soluciones para reducir el número de maltratos, pero la principal es la educación. "Enseñar a convivir desde pequeños no es tan difícil". La educación es la "vacuna" contra la violencia, y es un deber de los padres educar a los hijos, enseñarles cómo valorar a las mujeres y, sobre todo, a no maltratar desde pequeños. Así mismo , decirle que el único que puede dar patadas a una mujer es su hijo antes de nacer. Si todos los padres se propusieran educar a sus hijos correctamente, el número de maltratos sería menor.

Del mismo modo, las mujeres tienen que saber valorarse y respetarse. No permitir que las maltraten, ni que un hombre les amargue la vida, pero sobre todo que no tengan miedo porque son personas y todos somos iguales.

Hoy en día quizá la gente piense que esto no va a cambiar, pero yo tengo esperanza, como algunas personas, de que cada vez haya menos. Probablemente, dentro de dos o tres años esto se haya reducido un poco, y esperemos que en un futuro no muy lejano, la violencia de género pare, que las personas sean consecuentes del dolor que pueden causar, y que en vez de un día triste, sea alegre porque no haya ninguna muerte.

Así que, si se quiere, se puede.

"La violencia es el último
recurso del incompetente"

Mª Nieves Ortega (4º ESO)



Hoy día en nuestro país y en el mundo entero, hay miles de fallecimientos por la violencia de género, y, aunque siguen muriendo, no ponemos remedio a este problema.

Hoy es el día de la violencia de género y pedimos un año más que se consiga frenar esta trágica violencia.

En España, este año, ya han fallecido 62 mujeres, algunas anónimas y otras no denuncian o el agresor no ha sido encontrado.

Hay muchos tipos de violencia: física, psicológica, económica, social y sexual.

Muchas mujeres son asesinadas, otras todavía siguen aguantando y otras, gravemente heridas.

No permitamos esta locura, pongámosle freno y que estas mujeres afectadas denuncien y hablen con otras para ayudarles a dar el paso, a no aguantar más, antes de que sea demasiado tarde.

Hazte respetar, siéntete mujer, no aguantes palizas, insultos ni nada. Porque tu felicidad no depende de nadie, solo depende de ti.  TOLERANCIA DERO AL MALTRATO.

Gema González  y Cristina Hermoso (4º DIV)

Érase una vez un niño que se llamaba Diego, vivía en un barrio de una gran ciudad, tenía muchos amigos y una gran familia. Era hijo único, por lo que en casa no tenía con quien divertirse. Su madre era ama de casa, su padre trabajaba mucho y solía llegar tarde, pero nunca faltaba a ningún desayuno con él y su madre.

Era un día de febrero cuando se levantaron los tres y ocurrió algo que nunca había visto, su madre llevaba un ojo morado. Él preguntó: -¿Qué te ha pasado mamá?- Su padre interrumpió rápidamente y dijo: - Nada, Diego, es normal-.

A partir de ahí, todas las mañanas empezaron a hacerse extrañas por la apariencia de su madre y por el silencio. Pasaban los días y su madre se levantaba con golpes en el cuerpo, en las mejillas... Y Diego quería saber lo que pasaba.

Un día, su padre apareció en casa antes de lo normal, había discutido en el trabajo y llevaba los ojos hinchados y morados y el brazo no le paraba de sangrar. Diego no preguntó lo que pasaba, los cogió de la mano a su padre y a su madre, los llevó al espejo y le dijo a su padre: - No te preocupes, no es nada, es normal-

Desde aquella tarde su padre empezó a cambiar y todas las mañanas su madre se levantaba con buena cara, desde entonces su padre preparaba el desayuno y se volvió a disfrutar de él.

Nuria Gómez (3º ESO B)


Érase una vez una chica muy alegre, simpática, cariñosa, tímida con la gente que no conocía, a la que le encantaba estar con sus amigas. 

Un día, sus amigas le presentaron a un chico. Al principio no hablaban nada hasta que coincidieron en clase para realizar un trabajo juntos y desde ese momento se hicieron muy amigos. Empezaron a gustarse, hasta que se hicieron pareja. Sin darse cuenta, la chica había perdido el contacto con sus amigas para estar siempre con su pareja. Por lo que decidió quedar con sus amigas para ir de compras como a ellas tanto les gustaba cuando tenían tiempo libre. Decidieron ponerse todas un vestido.

La pareja de la chica llegó a casa y vio que llevaba un vestido puesto para salir con sus amigas. Él le dijo que se lo quitara, que no le gustaba que fuera con vestido para salir con sus amigas. Ella no le hizo caso porque todas iban a llevar vestido y ella no iba a ser menos. El chico se echó encima de ella y le pegó una bofetada en la cara para que se quitara el vestido; ella se quedó muy sorprendida de lo que le había hecho y se quitó el vestido inmediatamente. Desde ese día el chico por todo lo que decía la chica le pegaba sin motivo. 

La joven dejó de salir y a pasar más tiempo encerrada en casa.

María Ortega (3º ESO B)

Como toda adolescente aquel día creí que ese chico era el hombre de mi vida. ¡Qué bonito fue!...-Estás preciosa, que bien te queda esto, como sonríes...- Pero no había pasado un mes cuando sus palabras eran: -Con esa falda vas provocando, no te maquilles para que luzcas más natural... Y yo pensaba que así era mejor, que no me hacía falta adornarme como su fuera un árbol de Navidad.

Más tarde llegaron las malas palabras: -¡Pareces tonta, no te enteras! ¡Qué inútil!. No vales para nada...- Ahora lo pienso y ni siquiera sé por qué yo siempre intentaba que todo estuviera a su gusto, pero no atinaba.

Me quedé embarazada. -¡Qué dicha!- pensé... Llegó el anochecer y corrí a darle la noticia, su cara se transformó y con un solo empujón me caí al suelo teniendo que ir al médico para que me dieran puntos. En aquel momento ya engañé al médico diciendo que me había escurrido en la ducha. El embarazo fue catastrófico, hasta el punto de no ir a visitar a mi familia, ni dejar que me visitaran porque a él no le parecía nada bien y yo no quería problemas por mi niño.

Nació quien de verdad es mi gran amor. Fueron unos años frustrados, las amenazas y golpes de ese animal eran insoportables. Una mañana se fue al trabajo y cuando arreglé a mi niño para ir al colegio mi dirección daba un vuelco y casi sin darme cuenta llegué a comisaría, donde los agentes aún veían las marcas en mi cuerpo y en el de mi pequeño. Nos llevaron al hospital, avisaron a nuestros familiares y apresaron al que tanto daño nos había hecho.

Costó aguantar insultos y amenazas de ese canalla, pero no me arrepiento de haber dado el paso.

Familia, amigos, médicos, psicólogos, voluntarios... ¡qué gran apoyo! Hoy mi hijo juega y sonríe, yo soy feliz al verlo. Trabajo, tengo mi espacio para ver a mis amistades... Eso es amor.

¡NO CALLES, YO ESTOY AQUÍ! Si yo pude hacerlo, ¿por qué no lo podrás hacer también tú?
Soraya Martínez (3º ESO B)



Érase una vez una joven chica llamada Sara, sus ojos azules como zafiros, su cabello rubio y corto y de una estatura mediana. También tenía una amplia sonrisa para todo lo que había pasado.

Una noche, Sara se quedó toda la noche mirando las estrellas y la luna, al lado de Sara apareció un hadita pequeña.

- ¿Qué tal Yui?- Dijo Sara en tono dulce.
- Genial, pero aquí la importante eres tú- Dijo Yui con su voz dulce.

Sara se escondió entre su pelo, avergonzada comenzó a llorar, una lágrima como una gota de agua cayó al suelo.

- No pasa nada, Sara- Dijo el hada.
- Sí, sí que pasa, tengo miedo Yui- Contestó Sara.
- No debes de tener miedo, fuiste valiente y lo superaste, tú sola, sin ayuda apenas.
- Y ¿para qué? Para asustarme cada vez que alzan la voz, para huir cada vez que veo a aquellos que me amargaron la vida, para ver un día tras otro al chico y a sus amigos que me hicieron la vida un infierno.
- Sara, lo superaste, diste la cara, fuiste valiente, fuerte, luchaste por ti.
- Sí, la di, pero después de tantos golpes, insultos y humillaciones, un poco tarde ¿no crees?
- Tarde o no, diste la cara, hiciste lo correcto y nunca me cansaré de decírtelo.
- Yui, gracias, pero...déjalo.
- No, no lo dejo porque tu sonrisa me alegra cada día, esa sonrisa con tus dientes como perlas y relucientes. Así que deja de recordar malos momentos del pasado y vive el ahora y lucha por tus sueños.
- Yui, gracias por todo, eres la mejor del mundo, te haré caso y le sonreiré a la vida, lo malo pasó y lo superé a duras penas, pero lo hice.
- ¡Esa es la actitud!

Yuri se acercó a Sara y le besó la mejilla, luego agarró sus manos y se la llevó a dar una vuelta por la noche oscura e iluminada por las estrellas y la luna. Yui le esbozó una sonrisa a Sara. Sara, al principio, un poco avergonzada, apartó la mirada y luego confiada miró al hada y le esbozó su mejor sonrisa.

"Puede que la vida sea dura, a veces muy dura, pero ¿qué sería la vida sin pruebas, sin decisiones? Yo las superé, me costó mucho, sufrí, me anulé. No quería vivir, pero gracias a la ayuda de mis padres, familia, profesores y, sobre todo, gracias a mi hada lo superé. Fui valiente, luché a pesar de todo lo que pasé y todo lo demás, lo superé y ahora... soy ¡FELIZ! y colorín colorado este cuento se ha acabado"


Alfonso Ruiz (3º ESO A)


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